|
ARTÍCULOS
INFORMACIÓN,
FICCIÓN Y PEDAGOGÍA EN EL FÚTBOL TELEVISADO.
Una propuesta para el aprovechamiento didáctico del fútbol
como metáfora mediática de la realidad. Agustín
García Matilla
(Este artículo forma parte del número
de la revista Comunicar de octubre de 2001. Editado por el Grupo
Pedagógico Comunicar de Huelva).
¿Pueden ser aprovechadas las imágenes
de televisión sobre fútbol como recursos de enganche
que contribuyan a formar individuos más conscientes y críticos
con la realidad?
Las retransmisiones de partidos de fútbol
son sólo la punta del iceberg de un fenómeno de comunicación
mucho más "globalizado". La información,
el espectáculo y una peculiar forma de didáctica,
se unen en todo lo que al entorno del fútbol atañe
dentro de la actual televisión española.
Los informativos diarios dedican en la actualidad
un mínimo de un tercio de su tiempo a la información
deportiva, (y de toda ella un 90% se relaciona con el mundo del
fútbol). Las televisiones públicas y privadas dedican
espacios de larga duración a comentar las incidencias de
la jornada futbolística en los días de competición
o en los días inmediatamente posteriores a ésta. Las
competiciones europeas se siguen no sólo con la retransmisión
de los partidos (en directo o en diferido) en los que participan
equipos españoles sino también con amplios resúmenes
de los partidos en los que compiten equipos extranjeros y así
sucesivamente.
De sobra es conocido que España es uno
de los escasos países desarrollados que tienen una televisión
totalmente de espaldas al mundo de la educación. Los canales
españoles, tanto los de las cadenas generalistas como los
temáticos, habían huido hasta ahora de esa especificidad
educativa. Aún hoy, la única propuesta con unos objetivos
verdaderamente educativos, en pleno año 2001, es la que ofrece
el canal Beca dentro de la oferta de la plataforma digital terrestre
Quiero TV. Una propuesta que representa un porcentaje de programación
muy por debajo del 1% si tomamos en cuenta los más de 120
canales que en estos momentos constituyen la oferta de las cadenas
generalistas de ámbito nacional y autonómico y las
propuestas de las diversas plataformas digitales (y, por supuesto,
todo esto sin tener en cuenta las programaciones de las televisiones
locales).
Paradójicamente, los diferentes canales
compiten para hacer programas que analizan la jornada futbolística
desarrollando una inmensa gama de recursos técnicos que se
emplean con el fin de aclarar dudas, redundar en la información
más significativa o resolver aquellos aspectos menos inteligibles
con una vocación didáctica para explicar, por ejemplo:
aspectos de táctica y estrategia, análisis de errores
arbitrales, seguimiento de las "evoluciones" de un jugador
determinado sobre el terreno de juego, etc.
No cabe duda de que si la televisión utilizara
la mitad de sus recursos técnicos y expresivos al servicio
de contenidos educativos, el medio respondería de una forma
mucho más proporcionada a las tres funciones con las que
nació: informar, entretener y FORMAR. Diferentes expertos,
grupos, asociaciones y colectivos, defendemos la urgente necesidad
de una televisión para la educación y para la formación
que sea atractiva e innovadora. Paralelamente, hemos abierto el
debate sobre cómo utilizar los actuales recursos de ocio
y espectáculo que motivan a grandes masas para recuperar
un espíritu más crítico entre todos los sectores
sociales.
A lo largo de décadas se nos ha dicho que
el fútbol es una realidad social que trasciende al mero juego.
Se nos vende como un fenómeno social que supera las barreras
generacionales, las ideologías y los usos y costumbres culturales.
El fútbol se erigió en la representación de
la globalización, mucho antes de que se hablara de este fenómeno.
El fútbol nos llevó al "pensamiento único"
mucho antes de que Ignacio Ramonet inventara este concepto.
Cuando en Argentina la dictadura militar hacía
desaparecer a miles de ciudadanos y ciudadanas, el fútbol
se erigía en la coartada capaz de encubrir una realidad repugnante
y macabra. En esa época, el pibe Maradona era un genio habilidoso,
con las piernas (lo reglamentario) y también con las manos
(juego teóricamente ilegal).No olvidemos que el hecho de
burlar al árbitro ayudándose de la mano para la consecución
de un gol, brindó a la selección de Argentina la posibilidad
de convertirse en campeona de un mundial. La mano de Maradona fue,
en esa ocasión, "la mano de Dios".
En la fase clasificatoria de la liga europea de
campeones de 2001 (más conocida como Champions League) el
jugador del Real Madrid, Raúl, metió un gol con la
mano y el Comité de la UEFA adoptó, inicialmente,
la decisión de sancionarle con un partido y multarle. La
decisión se revisó y, posteriormente se modificó,
pues planteaba un antecedente y en opinión de la mayoría
de los profesionales consultados esto significaba que se pudiera
"re-arbitrar" un partido "desde los despachos de
los burócratas" cuando el árbitro en el campo
no había reseñado en su acta ninguna irregularidad.
Con esta decisión se institucionalizaba de alguna manera
que la pillería también formaba parte del juego. Este
argumento parecía contradictorio con el miedo que Jorge Valdano,
Director General del Real Madrid, manifestaba en esos días,
a que una trayectoria tan limpia como la de Raúl se manchara
con esta decisión del organismo europeo. De esta forma, la
pillería, la listeza de quien sabe engañar sin que
le vean, es tomada como una cualidad más del buen jugador.
¿La pregunta es hasta dónde vale todo en este juego?.
El fútbol ha sido considerado un deporte
monopolizado tradicionalmente por dos regiones geográficas
muy definidas: Europa y América del Sur. Por este motivo,
el que algunos países africanos como Camerún o Nigeria
hayan destacado en algunas competiciones, sean estas mundiales u
olimpiadas, no ha acabado de resultar políticamente correcto.
Por ejemplo, en los Juegos Olímpicos de Sydney, España
fue derrotada por Nigeria y se tuvo que conformar con una medalla
de plata. Como suele suceder habitualmente, los jugadores del país
africano fueron acusados de superar la edad límite. Muy pocos
comentarios se centraron en las abismales diferencias de oportunidades
en cuanto a recursos, preparación, etc, que tenían
los jugadores de una y otra selección. Los nigerianos ganaron
con todo el mérito que se le presupone a un campeón,
pero los comentarios de los patrióticos comentaristas no
dejaron de sembrar dudas como en otras ocasiones, sobre la licitud
de alinear a determinados jugadores que supuestamente superaban
la edad límite para formar parte del equipo nacional de Nigeria.
Los ejemplos anteriores constituyen unas breves pinceladas que permiten
hacer otras preguntas. Estas preguntas no se suelen incluir en la
lista de temas que aborda esa gran maquinaria de marketing que también
es el fútbol. Sin embargo, continuando con nuestro análisis
también podemos intentar desmontar otros tópicos:
"los jóvenes que asisten a los estadios
ocupan su tiempo en una actividad relacionada con el deporte en
lugar de drogarse o andar con malas compañías".
Se olvida, sin embargo, que desgraciadamente muchos equipos financian
a sus hinchas más "animosos" por no hablar de los
más violentos, denominados con términos como "ultras",
"frentes", etc. Muchos de esos jóvenes forman parte
de tribus urbanas verdaderamente agresivas y violentas.
"El fútbol es un espectáculo
seguro y sin riesgos". Sin embargo en las dos últimas
décadas se han producido diversos accidentes en los estadios
de todo el mundo. Más de 600 muertos y un número superior
a los 3.000 heridos es el balance de víctimas de estos accidentes
desde comienzos de los 80 hasta nuestros días. El acontecimiento
más reciente y más cercano a la realidad española
se produjo el domingo 22 de abril de 2000 cuando la celebración
del derby sevillano (Sevilla-Betis) una avalancha de aficionados
del Sevilla provocó la caída de una gran valla de
protección. Decenas de aficionados resultaron heridos de
muy diversa consideración.
Por lo que respecta a los jugadores, está
demostrado que el fútbol es un deporte de choque en el que
existe un número mucho mayor de lesiones que en otro tipo
de competiciones deportivas. Ni siquiera el Rugby o el fútbol
americano generan tantas lesiones graves.
"El fútbol es un deporte en el que
todos los equipos tienen las mismas oportunidades". A pesar
de que existen ejemplos épicos en los que los equipos con
menor presupuesto logran imponerse a los más fuertes en partidos
aislados, las estadísticas de los títulos obtenidos
por los diferentes equipos a nivel nacional o internacional, informan
cada vez más frecuentemente y de manera más apabullante
de que el presupuesto y los medios influyen decisivamente en los
resultados deportivos. La excepción más reciente que
confirma la regla es la brillantísima campaña del
club español, Deportivo Alavés, que en el momento
de redactar estas líneas tiene ocasión de vencer en
la Copa de la UEFA en su primera participación europea.
Si estos datos forman parte de una realidad bastante
desmitificadora, la televisión nos descubre otros aspectos
para la fundamentación de una crítica que descubre
algunas lagunas incongruencias técnicas del juego.
La Televisión objetiva: De lo que creemos ver a lo
que en realidad vemos
El placer de ver fútbol se limita al 50%
de lo que creemos ver. El tiempo real de juego en los partidos de
fútbol apenas supera la mitad del tiempo oficialmente marcado
como el de la duración de un partido. Es decir, de los 90
minutos que en teoría dura un encuentro, la pelota corre
sin interrupciones, o lo que es lo mismo, los jugadores juegan en
el campo, durante una media de 46 a 50 minutos (más los 4
o 5 minutos que el árbitro añade, como media, para
compensar en alguna medida los tiempos muertos o pérdidas
de tiempo). La televisión se encarga de llenar los tiempos
muertos con la repetición de la jugada, la inclusión
de comentarios, aclaraciones o más a menudo redundancias,
etc.
¡Otra cosa es la calidad del espectáculo!
En ocasiones las estadísticas presentadas a través
de recursos gráficos nos informan de que, por ejemplo, en
todo un partido los dos equipos han tirado a portería un
par de veces o a lo sumo en 3 ocasiones. Cuando esto sucede los
comentaristas edulcoran esta realidad con comentarios que suelen
hablar de un partido táctico, jugado en una estrecha franja
del campo, etc.
Otro factor digno de tener en cuenta es el número
de veces que el árbitro se confunde en la señalización
de faltas, fueras de banda, penalties, pitados u omitidos, o en
lo que representa el mayor ejemplo de "arbitrariedad":
los fueras de juego. Está demostrado el que al menos en un
40% de las ocasiones el árbitro se confunde por error u omisión
en su señalización. El culpable directo de estos errores
es el juez de línea. Pero en realidad , la culpa está
en la presunción de que un ser humano pueda tener una mínima
garantía de acertar cuando lo que se pide es humanamente
imposible. Sabemos que esto es así porque desde un punto
de vista perceptivo es imposible que una persona atienda a la vez
a la salida de la pelota de las piernas de un jugador atacante,
a los movimientos de los jugadores que defienden y atacan respectivamente
en uno y otro equipo, y a trazar una línea imaginaria que
le permita asegurar si el jugador que ataca está más
o menos adelantado que el último jugador en defensa del equipo
contrario. ¡Y todo esto sabiendo que el juez de línea
a veces debe hacer sus apreciaciones mientras se desplaza para poder
seguir la jugada!. De esta forma podemos decir que el "linier"
tiene tantas posibilidades de acertar como de equivocarse al levantar
su banderín para señalizar un fuera de juego.
Es curioso, porque el reglamento marca que en
caso de duda el juez de línea debe dejar seguir la jugada,
sin embargo, lo habitual es que el auxiliar del árbitro decida
señalar fuera de juego para "curarse en salud".
Es menos habitual que la equivocación se produzca por haber
dejado de señalar la posición más adelantada
del delantero con respecto a la defensa contraria. No obstante,
cómo vamos a ver inmediatamente esto también ocurre.
Es absolutamente humano lo que muchas veces sucede.
Algunos jugadores perjudicados por una jugada que ha acabado en
gol en su portería han visto al linier levantar el banderín.
Esto ha sucedido instantes antes de que el equipo contrario marcara
gol. Inmediatamente corren apresurados a convencer al linier de
que le diga al árbitro lo que ha visto. Lo más probable
es que si el encuentro se celebra en la casa del equipo que ha marcado
el gol, el linier se lo piense dos veces y se pegue el banderín
a muslo y cadera, al tiempo que niega haber visto nada irregular.
En caso de duda, el árbitro principal habrá tomado
la decisión última y esto no comprometerá al
auxiliar. Sólo un linier que lo haya visto muy claro y que
tenga una fuerte personalidad le indicará al árbitro
lo que crea haber visto. ¡Absolutamente humano! Sin embargo,
este hecho nos vuelve a señalar las grandes posibilidades
de incurrir en una decisión injusta y arbitraria que se podría
subsanar recurriendo a las tecnologías que se ponen a disposición
del deporte y del juego y que por ejemplo se aplican ya desde hace
muchos años en un país como Estados Unidos. La posibilidad
de ver en un monitor la repetición de la jugada.
Si esto no se hace es, en parte, por el miedo
a que la imagen nos sirva para cosas útiles, no sólo
para un simple entretenimiento sino también como un instrumento
de conocimiento. Quizá esta costumbre por la arbitrariedad
no se vuelva en contra de un espectáculo de masas como el
fútbol pero sí, desde luego, en contra de una mínima
lógica y de un valor tan importante como el sentido de la
equidad y la justicia.
En conjunto, todas estas observaciones hacen que
el denominado deporte rey constituya objetivamente una metáfora
del marketing engañoso que se nos ofrece machaconamente para
hacernos creer determinadas falsas verdades. Y esta reflexión,
sin duda podría servirnos para trabajar desde un punto educativo,
sobre todo con las personas más jóvenes que ven en
el fútbol un referente importante de sus tiempos de ocio.
¿Qué hay de bueno en todo esto?
La pregunta que debemos hacernos es porqué
este deporte ha apasionado desde su creación y a lo largo
de todo el pasado siglo a gentes de toda condición, edad,
nivel social, cultura, ideología o religión. Porqué
se ha impuesto en todos los continentes y ha sido asumido como una
forma de droga sustitutoria e inocua para las masas.
Podríamos ir más allá y plantearnos
el siguiente razonamiento. Si esto es así, porqué
no valernos del fútbol como metáfora de la vida y
explotar desde un punto de vista educativo sus valores positivos,
sus contradicciones, sus puntos débiles utilizando la televisión
como espejo mediático en el que mirarnos y fomentando un
debate que vaya más allá de los lugares comunes que
utilizan los comentaristas deportivos habituales: sean estos periodistas,
ex-entrenadores, árbitros, etc. En pocas palabras, el fútbol
puede servir como una batería de espejos a través
de la cuál mirar la realidad.
EL FÚTBOL COMO PODER
Sería bueno hacer un análisis acerca
de cómo el fútbol ha pasado a convertirse en un negocio
en el que se mueven intereses puramente mercantiles y en el que
también se reflejan innumerables luchas de poder. Los nuevos
propietarios de muchos clubes proceden del mundo de los negocios,
sobre todo inmobiliarios (Ruíz de Lopera, Florentino Pérez,
Gil y Gil, Ruíz Mateos, etc) y consideran al fútbol
como un negocio más, al margen del "amor a los colores"
que todos los presidentes dicen defender. Aún así
hay que establecer diferencias entre los clubes que tienen dueño
o propietario y otros que aparentemente representan a sociedades
participadas y en las que el concepto de socio tiene una razón
de ser.
Las televisiones han sido las máximas responsables
de encumbrar a determinados personajes elevándolos a la categoría
de famosos. Estos personajes se han permitido en ocasiones la veleidad
de querer emprender carreras políticas amparados por la publicidad
gratuita que los medios les han venido sirviendo en bandeja durante
años. En el panorama internacional el caso más preocupante
es del magnate de las finanzas Silvio Berlusconi. El potencial poder
que este personaje puede acumular en caso de llegar a Gobernar en
Italia podría representar, según muchos analistas
políticos, una forma de totalitarismo, comparable a la de
las peores dictaduras conocidas. La diferencia más inquietante,
es que esa estrategia dictatorial se llevaría a la práctica
desde una apariencia democrática y por un hombre con poder
en los medios, en el mundo del fútbol y en el puesto máximo
de poder político de la nación.
Tradicionalmente, también se ha hablado
de clubes ejemplares por su organización empresarial, por
la transparencia de sus finanzas y por la convicción de ser
mucho más que un club. Este ha sido el caso del F.C Barcelona,
enfrentado siempre a su eterno rival, el Real Madrid. El primero
ha sido presentado como el estandarte del ser catalán. El
segundo, acusado en muchas épocas de ser el estandarte del
Régimen y mucho más caótico en su modelo de
organización. Como compensación ha contado con el
honor deportivo de haber sido reconocido como el mejor club del
mundo durante el siglo XX.
Para muchos aficionados este tipo de rivalidad
es lo que da sabor a este deporte y sin él no podría
explicarse el apasionamiento de muchos aficionados por todas aquellas
cosas que se plasman también en el imaginario colectivo que
acompaña a cada club, a su historia y a las gestas conseguidas.
Todos estos estereotipos no ayudan mucho a crear una cultura que
lleve a los jóvenes a apreciar los mejores valores del contrario
y sí a reforzar tópicos de exclusión y a un
reduccionismo excesivo de las cosas.
Sí, también sabemos que para otros
muchos aficionados el valor del fútbol se halla simplemente
en poder asistir a un buen espectáculo deportivo.
LOS JUGADORES
Los jugadores representan modelos de comportamiento
para muchos jóvenes y son el referente a imitar. Hay diferentes
tipos de ídolos, como por ejemplo, el jugador rudo, de temperamento,
luchador, capaz de perder los nervios en cualquier momento y que,
al mismo tiempo, es capaz de echar a su equipo hacia adelante en
los momentos más críticos y angustiosos. Jugadores
"de raza", "de casta", "sanguíneos"
e incluso, fuera de estos términos tópicos citados
anteriormente, súmamente agresivos. Este tipo de jugador
no tiene porqué verse acompañado de un físico
impresionante. Por ejemplo, el ya fallecido jugador del Real Madrid,
Juanito, tenía una complexión más bien endeble,
era bajito y sin embargo estaba metido en lo que coloquialmente
se denomina "cualquier fregado". Algo parecido sucedía
con el exjugador del barcelona Hristo Stoichkov, jugador capaz de
meter los goles más inverosímiles o de pisotear a
un árbitro ante una decisión que considerara injusta.
Otro de los jugadores que entra en esta tipología es el ex-atlético
Simeone, actualmente en el fútbol italiano. Jugador capaz
de cambiar con su fuerza y empuje el resultado de un partido y capaz,
asimismo, de arruinar un encuentro con una reacción antideportiva,
por ejemplo, agrediendo a un contrario o realizando entradas que
producen escalofríos. Y si no que se lo pregunten al jugador
del Atlético de Bilbao, Julen Guerrero. En un partido de
la Liga española, a mediados de los 90, Guerrero probó
los clavos de la bota de Simeone, y no precisamente en un choque
fortuito, sino en una acción alevosa y premeditada recogida
por las cámaras de televisión en directo y que obligó
al jugador a salir del campo con un orificio sangrante, redondo
y profundo, imposible de hacer si no hubiera habido una actitud
evidente de hacer daño por parte del jugador del equipo madrileño.
Otros muchos jugadores pertenecerían a esta tipología,
pero sería interminable abrir esta lista.
La televisión sirve de testimonio de lo
mejor y de lo peor, recoge las genialidades y también las
reacciones más "canallas" y "sucias"
del jugador.
La televisión proyecta la figura de las
estrellas indiscutibles, esas que arrastran a los aficionados, llenan
los campos y mueven pasiones. Existen estrellas absolutamente geniales
y, a la vez de una inmadurez realmente enfermiza y lo que es peor,
muy contagiosa para jóvenes y adolescentes: en España
han jugado algunos de esos futbolistas que están muy por
encima de la media, por ejemplo, los casos del ya citado Maradona,
genio en el campo, arruinado por la droga y su complejo de superioridad;
Djalminha, aficionado a la provocación y amigo de las expulsiones;
Ronaldo y Rivaldo, dominadores del regate, el cambio de ritmo, el
tiro potente y seco, de técnica difícil de superar,
pero capaces, a su vez, de quedar anulados, si todos los factores
anímicos y ambientales de alrededor no van como la estrella
precisa y requiere... De alguna manera, el escaparate televisivo
puede servir para ayudar al aficionado a realizar un juicio más
distanciado y objetivo.
En todos los equipos han existido jugadores que
responden a ese otro perfil de jugador que permite compatibilizar
inteligencia, aptitud y actitud. Todos los equipos han tenido en
sus plantillas jugadores que responden a este perfil: nombres como
los de Gárate o Luis Aragonés (en el Atlético
de Madrid), Rexach o Guardiola (en el Barcelona) Valdano o Raúl
(en el Real Madrid), Mendieta o Fernando (en el Valencia), etc.
Pero también es interesante resaltar la
figura de esos jugadores de equipo que realizan una función
mucho menos brillante pero imprescindible para el buen funcionamiento
del grupo. Y aquí sí es obligado abrir mucho más
el abanico y recordar que cuando un equipo funciona con un buen
plantel de jugadores, las estrellas no resultan imprescindibles.
Ligas ganadas en la década de los 80 por equipos como la
Real Sociedad o el Atlético de Bilbao, con jugadores de la
cantera y buenos planteamientos tácticos, hicieron posible
en aquellos años este milagro, hoy en día mucho más
difícil de lograr.
No olvidemos dedicar algunas líneas de
homenaje a esos jugadores que al llegar a algunos de los mejores
clubes ocuparon el puesto de suplentes de lujo. El caso más
paradigmático fue el de Manolín Bueno, reserva de
Paco Gento en el Real Madrid, en una de las más brillantes
épocas de este club.
Con las sucesivas victorias de la selección
francesa, se ha traido a colación la diferencia de los éxitos
que diferentes naciones han obtenido en las competiciones internacionales
de clubes en contraste con los triunfos obtenidos por sus selecciones
nacionales: El ejemplo de Francia ha sido paradigmatico. Una trayectoria
más bien gris de sus clubes en Europa y sin embargo éxito
total en la Copa del Mundo y en la Copa de Europa de selecciones
nacionales. Con jugadores como Barthes, Dugarry, o Zidane, se ha
caracterizado como una selección que surge de la propia cantera
y de una perfecta integración de los jugadores producto de
una aceptación sensible e inteligente de la inmigración.
De nuevo vemos como el deporte, la política y los valores
sociales pueden unirse para establecer una reflexión inteligente
y más profunda de la que suele ser habitual en este deporte
LOS ARBITROS
En algunos segmentos anteriores de este artículo
nos hemos referido ya a algunos aspectos del arbitraje. Sin embargo,
es importante dedicar, al menos unas líneas, a la figura
y a la imagen proyectada en la televisión por este profesional.
Este actor, importante en el juego ha sido tradicionalmente
el personaje malo de la película. A diferencia de unos u
otros equipos, que siempre han contado con un mayor o menor número
de aficionados, el árbitro nunca tiene sus propios hinchas,
por sistema siempre es el más denostado y sobre todo el más
criticado en sus errores.
Sin embargo, la figura del árbitro es excepcionalmente
importante para poder conocer los estilos de comunicación
personal que puede manejar un ser humano La televisión nos
ha mostrado cómo se puede mantener la autoridad en el terreno
de juego sin que haya necesidad de mostrar el más mínimo
autoritarismo, o por el contrario, cómo el autoritarismo
mostrado por un colegiado puede provocar la trifulca en el terreno
de juego.
Uno de los factores sobre los que se manejan estadísticas
a la hora de valorar a un árbitro es el porcentaje de tarjetas
que muestra. Los hay más tarjeteros y menos tarjeteros, siempre
será mejor un árbitro que con el menor número
de tarjetas es capaz de mantener la fluidez del juego y un comportamiento
deportivo. Pero la cualidad imprescindible que siempre debería
mantener un árbitro es la coherencia en sus decisiones. Aunque
parezca una paradoja, el árbitro debe ser lo menos arbitrario
posible.
En este sentido, en los últimos tiempos
es curioso que en las retransmisiones de fútbol en televisión
se han incorporado antiguos colegiados. Estos profesionales muestran
un nivel de crítica muy levado hacia sus colegas y se convierten
en jueces de las decisiones de árbitros en activo. Es interesante
comprobar cómo a pesar de los medios de observación
privilegiada de los que disponen también se equivocan en
la apreciación en vivo de la jugada y cómo en muchas
ocasiones dejan de observar aspectos del juego que el espectador
ya ha visto claramente. Este hecho nos debería hacer reflexionar
también sobre lo difícil que es obtener una visión
ponderada de la realidad y cómo en el juego como en la vida
debemos quitarnos muchos prejuicios y pre-conceptos. Cosa que por
cierto deberían hacer muchos de esos ex-árbitros y
ahora jueces de sus colegas.
A modo de primera conclusión
En esta primera aproximación al fútbol
como fenómeno mediático he intentado mostrar algunas
ideas para su aprovechamiento educativo.
El fútbol es un fenómeno social
y un espectáculo que afecta tanto a aficionados como a detractores.
Los padres y profesores no siempre cuentan con
contenidos que puedan interesar a priori a los más jóvenes
y por lo tanto estamos ante un centro de interés que puede
igualar en experiencia a los más jóvenes y fomentar
el razonamiento sobre conocimientos previos más o menos asentados.
En este sentido, no es descabellado concluir la
necesidad de iniciar experiencias que tomen al fútbol como
centro de debate. Su objetivo principal será fomentar el
análisis crítico de la realidad que el fútbol
representa como fenómeno mediado.
Los puntos de reflexión que se proponen
en este artículo son sólo una pequeña parte
de las múltiples implicaciones que un fenómeno de
estas características posee.
Volver
|